
Cúcuta se enfrenta no solo a los desastres que son consecuencias al paso de la ola invernal, también se ha enfrentado a la realidad abrupta que ha querido vernos a la cara y confesarnos la verdad de la administración departamental, las vías, los manejos de los recursos, la propiedad pública y el vandalismo renaciente a partir de todo esto.
El invierno durante el año 2011 ha sido el gran protagonista de los medios de comunicación, el tema de conversación de moda y el “boom paisajístico” incorporado a la cotidianidad del cucuteño. Además de las copiosas lluvias, el fenómeno de la niña fue la causante de deslizamientos, la provocación de las montañas, la perdida de las vías y la propagación del desplazamiento ciudadano.
Esta semana santa ha sido una de las más dolorosas para el país, pero no por las tradiciones religiosas, sino por el autentico calvario vivido, más allá de las transformaciones de las carreteras, los hogares y los rostros de los colombianos se encuentra la tapa que al destaparse desato grandes consecuencias; los principales y más caudalosos ríos se desbordaron o renovaron fuerzas llevándose lo que estuviera a su paso y aparentemente por su turbulencia colapso el sistema y la plantas de aguas residuales dejando a los habitantes sin agua y sin suficiente víveres ya que los vehículos que trasladan los alimentos no podían llegar a la capital norte santandereana, las calles de la ciudad hacían las veces de lagunas y los semáforos imprudentemente decidieron fallar para causar el caos urbano más hipócrita conocido, ¿Hipocresía?, la administración departamental y municipal Fingió y creó esporádicamente una imagen totalmente alejada al estado actual, sin saberlo los organismos encargados de todos estos factores fundamentales para el desarrollo y calidad de vida de los cucuteños fueron olvidados y quebrantados por la karmica honestidad del tiempo.
Con el pasar de los días, todos los hechos se han convertido en una cadena de eventos desafortunados trayéndonos a un presente desprovisto de atención nacional, ignorado por los mismos ciudadanos y recordado por ser la alerta financiera más grande hasta ahora. La corrupción del líder ciudadano se ha limitado a la compra de los votos, al posicionamiento y la buena vida de un pez gordo que nada hacia otros mares engañando a quienes en un grito sin voz y sin conciencia reclaman algo que aceptaron perder. Entre “trinos” y escritos de muro los ciudadanos tratan de apoyar, los medios se limitan a informar y el gobierno a borrar.
JESSICA ORTIZ
ARTICULO DE OPINIÓN
Fotografía tomada de La Opinión

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