Eran las tres de la tarde y el sudor en la frente de Víctor Forero o “Tony” como era conocido en el mundo del hampa, reflejaba el nerviosismo que lo consumía al estar confesando sus delitos en un calabozo del DAS. Tony casi alcanzaba los 19 años, media 1.70 y su figura delgada un poco apacible no proyectaba la maldad que poseía este personaje en su mente, provenía de una familia adinerada donde los excesos y una vida de lujos no alcanzaron a contener la ambición que nacía dentro de él; después de una corta instancia en Holanda, regresó a Colombia deseando culminar sus estudios de bachillerato; pero nada más lejano de la realidad, su destino seria otro.Los agentes del DAS, oían con atención el relato de la primera experiencia que “Tony” tuvo con las drogas y los primeros pasos que hizo como jibaro del colegio San Agustín de Bogotá, institución donde cursaba once grado. Resulta curioso que en su instancia en Europa, nunca llego ha probar las drogas, la primera vez que lo hizo fue a los 17 años en casa de Lina, una compañera de curso; un primo de la joven mucho mayor que él, le ofreció un poco de marihuana, “Tony” sentía curiosidad, y sin mayor recelo lo acepto, ignorando tal vez, el triste final que sus decisiones le cobrarían.
Miguel Santamaría, conoció a “Tony” en noveno grado, compartían los mismos gustos en casi todo, llegando a construir una amistad que aun después de todo el daño que “Tony” le causo a Miguel se mantuvo firme hasta el día de su captura. Miguel era un deportista frustrado, en sus ratos libres practicaba la natación, pero sólo era cuestión de hobby, ya que sus padres jamás permitirían que Miguel no siguiera con la tradición política de su padre. Un día asfixiado por la presión que ejercían sobre él, llamó a “Tony”, y le dijo que necesitaba alejarse de todo lo que lo atormentaba, “Tony” simplemente le dijo:”!veámonos ya!, le tengo lo mejor para ese mal”. A la hora, se encontraron en un parque cercano, Miguel esperando recibir un buen concejo de su amigo, tuvo a cambio otra cosa, un cigarrillo de marihuana, Miguel vacilo un poco, no quería fumarlo, pero “Tony”, con un par de palabras lo convenció, y Miguel con una bocanada de humo, exhalo su antigua vida, dándose la bienvenida en el mundo oscuro de la adicción.
Los inicios de “Tony” en la droga se dieron a pasos agigantados, después de consumir un poco de marihuana en casa de Lina y de sentir placer sintió la necesidad de experimentar con algo más fuerte, probo cocaína y solo días después estaba fumando heroína, en este punto ya se había convertido en adicto, gastando grandes cantidades de dinero para saciar su vicio, hasta llegar al extremo de robar a su padre para comprar sus dosis.”Tony” les contaba a los agentes del DAS la facilidad de conseguir droga en Bogotá, “solo con una llamada el expendedor esta en tu casa” comentaba con tranquilidad el joven, que con el tiempo se hizo amigo de los distribuidores de las sustancias, que le “aconsejaron” que empezara a venderla para de esta forma ganar dinero y tener su consumo propio. Y fue aquí, donde la ambición de “Tony” lo llevo a convertirse en jibaro, cambiando caminos construidos y destruyendo las vidas de sus amigos.
Era en casa de Lina donde se reunían para hacer los trabajos del colegio, Miguel y “Tony”, llegaban siempre juntos y más temprano de la hora pactada, a Lina esto no le disgustaba, todo lo contrario le agradaba mucho sentirse acompañada, ya que era hija única y sus padres trabajaban desde la mañana hasta entrada la noche en los juzgados de Paloquemao, dejando a su hija casi todo el Día sola en la casa, bueno con Rufina, la domestica, que nunca llego a congeniar con Lina. Desde hacía unos días Gabriel Schelitter, que acostumbraba llegar tarde a cualquier encuentro con sus amigos, empezó a llegar más temprano que Miguel y “Tony”, Lina y Gabriel notaban algo raro en ellos, Miguel ahora casi ni estudiaba, en el salón dormía todas las clases, y a veces el sueño le alcanzaba para seguir durmiendo en el descanso, y “Tony”, casi ya ni iba al colegio, empezó a faltar a una que otra clase, pero ahora era frecuente que en la semana solo fuera un día, y no precisamente a estudiar. Y fue en uno de esos encuentros donde “Tony”, convenció a Lina de probar su “ mercancía”, Gabriel no pudo asistir sin dar mayores explicaciones, Miguel sólo llego y automáticamente y casi por inercia se acostó en el sofá del hall, Lina quedo sola con “Tony”, que tiempo atrás intento conquistarla sin ningún éxito, “Tony”, le explico lo sencillo que era ver la vida con un cigarro de esos en la cabeza, Lina que era algo ingenua trato de decir que no, con un si dibujado en sus labios, acepto el cigarro, y lo fumo, pero no era solo marihuana, ahora “Tony”, sin decírselo a sus clientes le agregaba Heroína, convirtiéndolos en adictos el mismo día, y asegurando nuevos clientes fieles.
“Este vicio es caro”, les decía una y otra vez “Tony” a los agentes del DAS, “solo unos cuantos gramos de heroína cuestan 40 mil pesos, y ese era el motor de mi negocio y mi gasolina”, al decir esto “Tony”, saco una foto de su familia, los extrañaba mucho, pero sus padres no lo querían cerca, de aquel joven soñador que una vez viajó a Holanda, quedaba muy poco, sus padres se daban cuenta de los repentinos cambios que tenía “Tony”, bajo de peso muy rápido, esto debido al efecto de la heroína en el cuerpo, casi ni dormía en la casa y ante cualquier pregunta sobre esto, “Tony” simplemente decía que no era nada, y volvía a su nuevo hogar: las calles. Sus padres sabían que tenía algo, pero jamás llegaron a imaginar que sería algo relacionado con drogas, hasta que un día, al llegar a la casa, encontraron a “Tony”, robando joyas y electrodomésticos, su padre al verlo sólo lo ignoro, rompiendo todo lazo con él, ¿Puedo llamar a mi papa?, preguntaba “Tony”, “ya lo hicimos”, le respondió con tono seco un agente del DAS, “dijo que no tenía ningún hijo llamado Víctor, y menos uno llamado, al oír esto, solo guardo de nuevo la foto, no sin antes secarse unas pocas lagrimas que dibujaron su rostro de angustia y tristeza.
Con Gabriel, “Tony”, se conocía hace poco, pero la frescura de ambos hizo que se hicieran amigos muy rápidamente, ya Miguel y Lina eran clientes de “Tony”, y como eran de familia con dinero, se convirtieron casi automáticamente en sus mejores clientes. Gabriel nunca fue muy popular, y siempre lucho por adaptarse a cualquier grupo, siendo siempre rechazado, solo con Lina, Miguel y “Tony”, llego a sentir la aceptación que tanto buscaba, tal vez, por no perder esta aceptación fue que sin pensarlo dos veces, fumo de Marihuana que “Tony” le dio, con el argumento que ya el grupo había cambiado, y que si él no cambiaba no podría seguir con ellos; Gabriel que vivía con unos Tíos ya que sus padres habían muerto en el atentado del Club El Nogal, no tenía un concejero, alguien que le dijera que no es el grupo que lo determina como persona sino los actos propios, completo el circulo, lo que antes había sido un grupo de jóvenes estudiantes, con futuros promisorios, ahora simplemente eran tres adictos, guiados por una mente malvada que no distinguía entre el bien y al mal, solo tenía la certeza que si vendía mucho, ganaba mucho, y podría consumir altas dosis, de lo contrario pasaría noches de pesadillas agobiado por los ataques epilépticos que produce suspender sin tratamiento la adicción a la heroína.
“Tony”, fue reconocido por las buenas ventas que hacía, enviciaba a sus clientes engañándolos con cigarrillos de marihuana, los cuales contenían también heroína, los volvía adictos en un día, luego solo era cuestión de tiempo para esperar los resultados, y en muchas ocasiones fueron relojes, electrodomésticos y hasta mujeres, pero él, solo pensaba en el dinero, las mujeres ya no eran su norte. En el colegio San Agustín, ya lo habían expulsado, y solo frecuentaba el lugar en busca de nuevos clientes, y para venderle lo propio a los antiguos, como Lina, que en una oportunidad, le llevo, 400.000 mil pesos, lo suficiente para el consumo de un mes, pero “Tony”, solo le daba unos cuantos gramos, así que a lo largo del mes, era frecuente ver a Lina buscarlo desesperada , pero siempre obtenía la misma dosis, con Miguel era distinto, cuando ya no le quedaba heroína a “Tony”, simplemente le vendía marihuana con bazuco, esto convirtió a Miguel en un ser casi esquelético, y en un adicto sin control, muchas veces sin dinero, le lloraba , hasta que por pura lastima le daba su calmante. A Gabriel solo le basto una semana para huir de la casa de sus tíos, se convirtió en un ser violento, una vez casi golpea a su tía desesperado por conseguir dinero, un día simplemente en un maletín saco todo lo que pudo de la casa, y partió a un viaje sin rumbo, con un solo protagonista: él y su némesis encubierto: “Tony”.
“Lo que pasa es que cuando es jibaro, uno no ve amigos, solo posibles clientes”, les decía “Tony”, a los agentes del DAS, y así era, sus 3 buenos amigos, eran solo unos adictos mas, había perdido a su familia, aunque el dinero no le hacía falta, cosa que siempre fue así, su aspecto no reflejaba eso, estaba muy delgado, con unas grandes ojeras adornando su rostro, sus dientes se convirtieron en solo manchas amarillas, y duraba sin bañarse y sin cambiarse de ropa a veces hasta una semana, Lina no se quedaba atrás, de aquel cuerpo armonioso que siempre atraía miradas, solo quedaba la figura de sus huesos tensionados en la piel, en su rostro, unas grandes manchas marrones al lado derecho, daban la sensación de haber dormido en la calle muchos días con el suelo como almohada, y su voz armoniosa ahora solo era un alarido inerte, Miguel parecía un cadáver en vida, la ropa le colgaba y los músculos que saco por la natación se habían marchitado y Gabriel había sido despojado de su vida, ahora era otro, un ser furioso, violento, era común verlo con sangre seca propia y de otras personas en su ropa y en su rostro, también moretones y rasguños por alguna pelea callejera que ya eran habituales en el.
Sus amigos ya habían tocado fondo, y gracias a la colaboración de sus padres, se internaron en un centro de rehabilitación, allí estaban, descontaminándose de la calle, de la suciedad, del daño, de la droga, Lina, Miguel y Gabriel, querían iniciar de nuevo, el mundo de la adicción los había convertido en nuevas víctimas, solo querían que “Tony”, pagara por lo que les había hecho, pero también ayudarlo a salir del hueco en el que se había metido, así que dijeron todo lo que sabían a la policía, que solo en cuestión de horas allanaba el escondite de “Tony”, lo encontraron solo, con heroína, marihuana y cocaína, y con un arma, la cual nunca toco, solo era para protegerse, pero de el mismo no lo pudo hacer, de inmediato dijo que quería colaborar, no soportaba mas esa vida, quería ser el de antes, solo que ya era demasiado tarde.
“Eso es todo, mi miserable vida es esa”, decía “Tony”, sintiendo un temblor en su cuerpo, eran los ataques de abstinencia, no había consumido la dosis del día, un médico le aplico una inyección para calmar un poco los efectos, y lo trasladaron a una celda, donde permanecería hasta que le dictaran sentencia, y allí, encerrado, y con la poca lucidez que le dejo el medicamento, pensaba en la familia que perdió, en las amistades que traicionó, en las vidas que dañó, y en el decadente final que el construyó, y a la vez, Lina, Miguel y Gabriel, trataban de salvarse del abismo en el que llegaron a estar, pensando en cumplir el tratamiento para retomar la vida que “Tony”, las drogas y sus malas decisiones le arrebataron.
Manuel Alejandro Ferrer
Jessica Paola Ortiz
(Reportaje Ficticio)

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