martes, 28 de abril de 2009

¿CUÁL ES TU PRECIO?



“A veces la necesidad del querer no nos permite medir las consecuencias que estas nos puedan acarrear”



Un buen fin de semana del mes de Julio, donde los rayos de sol penetraban arduamente sobre la piel y el viento golpeaba tan fuertemente desequilibrando a aquellas personas que se hallaban en ese lugar; que sería el epicentro de tan anhelada confesión de Mariangel, una bella
morena, de ojos negros, cabello ondulado y medidas perfectas.

El café - bar “The Palms coffee”, sería el rincón donde esta adolescente contaría su historia, que trajo consigo cambios inesperados, llenos de risa, de lágrimas y sufrimiento que en un abrir y cerrar de ojos transformarían por completo el rumbo de su vida.

Las 5 de la tarde fue la hora pactada para tan esperada plática. En el punto de encuentro se hallaba jóvenes contemporáneos a su edad, hijos de familias pudientes, es decir, cualquier grupo de muchachos que no tengan los medios suficientes no podrían entrar con facilidad a este sitio. El ambiente que se respiraba era agitado, donde las mezclas musicales tomaban un papel importante para cada uno de los allí presentes. Alrededor se observaba una enorme cortina de humo que no permitía visualizar los distintos movimientos que se generaban dentro del establecimiento.

Nuestra protagonista llegó a la cita media hora después. Una mujer esplendida, de mirada dominante y sonrisa impactante; vestida muy elegantemente con ropa de marca y accesorios elaborados por diseñadores reconocidos a nivel nacional. Se acercó a la mesa, y con un tono de voz melodiosa dijo Hola, estrechando nuestras manos, procedió a sentarse.


Los chicos la observaban pícaramente, y ella no le era para nada indiferente. Con sutileza llamó a uno de los meseros y pidió el trago más caro que vendían en dicho café- bar. Sin más espera, comenzamos a entablar un diálogo ameno acerca de cómo había entrado a formar parte de lo que hoy se conoce como “chicas prepago”.

Desde tiempos remotos la prostitución ha existido, solo que a partir del siglo XXI se le ha llamado a este fenómeno prepago, porque ya no solo lo ejercen personas con condiciones económicas deficientes, sino de estratos sociales medios y altos. Por lo general, son jóvenes universitarias que venden sus cuerpos, algunas lo hacen para satisfacer sus necesidades económicas, y otras por obtener lujos que quizás los padres no han podido brindarles.

Mariangel siempre había estado rodeada de lujos, con un apellido de gran status en la sociedad. Además, tenía una característica muy particular que la acreditaba como la consentida de la casa (era hija única). “Tenía todo lo que se me antojaba, el dinero no era mi preocupación”, comentó nostálgicamente.

El destino les jugó una mala pasada, después de tenerlo todo, saltaron a la absoluta miseria. Los que creían ser sus amigos les dieron la espalda, las cuentas bancarias estaban en cero, ya no tenían los autos de lujo, la ropa de marca, y el capital para malgastar en las suculentas fiestas que solían realizar.

“Tuvimos que vender lo poco que nos quedaba y hacernos a la idea que todo no iba a ser como antes, iniciaríamos una nueva etapa en cada una de nuestras vidas”, al terminar estas palabras, el mesero interrumpe esta interesante conversación, colocando una botella de Whisky (Red Label sello azul), sobre la mesa.

Se sirvió de manera desesperada un trago, sacó de su gabán un cigarrillo y pidió candela a los individuos que se encontraban a su lado.

Debido a la crisis financiera por la que estaba pasando, y al no ver una salida favorable, Mariangel se deja tentar por las pocas amistades con las que podía contar y entra a formar parte en este susodicho mundo.

“Todo comenzó en una rumba, mis amigas me invitaron y yo accedí. Estando allá me contaron cómo era la vida de una “chica prepago”, como ahora nos suelen llamar. Me sonó la idea y estaba desesperada por recuperar mi identidad, por volver a ser la de antes (poner mi apellido nuevamente en alto), y recuperar lo que por circunstancias el destino nos había arrebatado tan bruscamente, y sin pensarlo, acepte ser parte de este clan”.

Según se entiende, las famosas “chicas prepagos”, son aquellas que por sus afanes económicos y por la ansiedad de querer igualarse con la sociedad; recurren a este tipo de trabajos. Pero hay otras, que son señaladas como una de ellas, pero la realidad es otra. Tal como le sucedió a Luciana, una joven que se vio inmersa en esta red sexual, por casualidades del destino.

“Mi historia inició, con la llegada de una amiga a la ciudad, tenía tiempo de no saber sobre su vida y viceversa; ella me convidó a una rumba a la cual había sido invitada por unos amigos de un conocido de ella. Me recogieron en una camioneta lujosa, se me hizo extraño pero no le reste importancia, en mi mente solo existía la palabra “rumba”. Cuando llegamos a la disco, mi amiga me presentó a los hombres que la acompañaban, tenían una apariencia algo rara (exceso de joyas, celulares de última tecnología, y movimientos que daban rienda suelta a mi imaginación). De repente, un señor se me acercó y me ofreció una copa de champaña, la tomé de manera ingenua, sin pensar en el problema que este me generaría a unas pocas horas.

El muy amablemente me sacó a bailar, y de ahí comenzó mi idilio de amor. La rumba estuvo espléndida, me sentí como la reina del lugar (estaba en la zona vip, y me complacían en todos mis gustos). Todo parecía terminar bien, el susodicho me dejó deslumbrada y al parecer yo no le era para nada indiferente (hubo besos, caricias, palabras tiernas, miradas, y bueno el resto te imaginarás en que culminó).
Lo que nunca me imaginé era que por esa salida me catalogaran como si fuese una de esas adolescentes que venden su cuerpo a cambio de un reconocimiento económico, lo digo porque escuche murmullos cuando salíamos de su apartamento. Al rato, reaccioné ante la situación que se me estaba presentando (estaba siendo juzgada injustamente por la sociedad). Mi intención en esos momentos era pasar un rato agradable, sin pensarlo me enamoré perdidamente de ese hombre tan maravilloso y terminé en la peor encrucijada de mi vida (las personas me tildan de ser una más, sin saber si esa es la verdad). Igual, eso me tiene sin cuidado, puesto que soy consciente que estoy con él no para venderme sino porque existe una química mutua donde los sentimientos son los principales protagonistas”.

“No juzgo a este tipo de mujeres que ejercen este particular trabajo, pero es triste saber como la necesidad de consumo, las lleva desesperadamente al abismo de un callejón sin salida”.
Según el último registro que entregó la G.E.D.S (Gremio Estadístico de Supervivencia), http://www.geds.com.co/, en Colombia hay más de 850.000 mujeres que ejercen esta labor sexual. Además, revela como los medios masivos de comunicación, crean una serie de mensajes subliminales de manera oculta la cual es percibida activamente entre la población juvenil femenina, incrementando de esta manera la efectividad de este tejido social que se va incrementando con el pasar del tiempo, deteriorando desfavorablemente la integridad física y moral en cada una de estas adolescentes.
Dentro de los registros, se encontraron las posibles tarifas que suelen manejar este tipo de mujeres: las principiantes cobran un promedio de $250.000, las que llevan un poco más de experiencia en este trabajo piden un valor de $400 a 560.000 y las que llevan gran parte de su vida dedicada a este oficio exigen un costo de $700.000 en adelante; teniendo en cuenta el contexto al que vayan y el tipo de personas que frecuenten sus servicios.
Mientras retomábamos la historia de nuestra protagonista Mariangel, se pudo observar como una lágrima brotó de sus ojos, y como ella sin pena alguna tomó una servilleta y secó su rostro. Al terminar esta acción, ella prosigue con su relato, abordando sin contemplación como fue el contacto con su primer cliente.
“Una de nosotras me contactó con un señor que necesitaba saciarse de placer. Di un sí, puesto que había dado mi palabra de pertenecer a este conjunto de chicas fáciles, además, mi situación económica decaía enormemente (teníamos que aguantar hambre, no había dinero para pagar el arriendo, los recibos no daban espera y no tenía para costearme mis estudios)”.
Sin pensar en las implicaciones que este tipo de servicios iba a generarle, ella estaba dispuesta a correr cualquier tipo de riesgos, como lo haría toda una experta en este campo.
“El personaje me citó en su apartamento. Como era mi primer encuentro carnal con un hombre, los nervios eran evidentes; me vestí adecuadamente para la ocasión (un vestido ceñido a mi cuerpo, con un escote profundo en mi espalda, y accesorios finamente fabricados). Cabe resaltar que todo lo que llevaba puesto era prestado (narrándolo en medio de risas pícaras). Me tomó de la mano, me condujo a la habitación (no hubo caricias, palabras dulces tal como me lo imaginaba), todo era frío, calculador, me quitó la ropa apresuradamente, no me dio tiempo de respirar, él iba a lo que iba.
Sin más que decir, sacó su billetera tirándome el dinero acordado y con palabras grotescas me hecho de aquel lugar. En esos momentos, me sentí la mujer más sucia y repugnante de este mundo, pero me quedaba la satisfacción de saber que ayudaría a mi familia solventando las necesidades prioritarias por la que estábamos pasando”.
La necesidad que al principio aquejaba a esta jovencita, con el pasar del tiempo se convirtió en un modo fácil de supervivencia. Sin importarle, lo que pensará la sociedad, los que alguna vez formaron parte de su vida – de su pasado, y lastimosamente hoy es considerada como una de las mujeres más apetecidas del mundo prepago.
“Llevó prácticamente ocho años y medio ejerciendo esta labor, me satisface saber que todo lo que tengo lo he logrado por mí misma, sin haber tenido la necesidad de recurrir a terceras personas en los momentos críticos por los que tuvimos que pasar. Vendo mi cuerpo al mejor postor, aunque suene un poco cruel, es la verdad; no me da pena mostrarme tal como soy, mi prioridad ha sido y será siempre el dinero y mi familia puesto que ha sido mi motor principal, por los cuales lucho cada día para poderles brindar una estabilidad económica; donde las necesidades no vuelvan a ser fuente de sufrimiento y angustia”.
Cualquier mujer sea de la calle, de casa, universidad, colegio, sitios públicos y privados, podría estar catalogada como “chicas prepago”, es una realidad, que no debemos esquivar, puesto que son seres humanos que tienen sus vidas como la podrían tener cualquier persona en este mundo, pero a diferencia de ellas, estas optan por el camino más fácil, haciendo caso omiso a la doble moral que se maneja en este tipo de actividades sexuales, y a los distintos peligros a los que se exponen (enfermedades venéreas, maltrato físico, psicológico llevándolas en un caso extremo a la muerte).
Ser una de ellas no implica tener medidas perfectas, ser letradas, lo indispensable es la complacencia o carta de presentación que puedan ofrecerle a cada uno de sus clientes. Dónde los principales factores sean los buenos sentimientos (dinero) y un gran corazón (carro último modelo).

ERIKA YURANI VELANDIA P.
ESTEFANIA ARAQUE QUINTERO.
(Reportaje Ficticio)

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