Las ilusiones de muchos, se convirtieron en el drama y las angustias de todo un país, de toda una nación que veía como los futuros se transformaban en pasados tortuosos.El negocio de las pirámides, se constituyo en Colombia hace algún tiempo en la forma de cumplir los sueños más lejanos, en el modo de obtener dinero para aliviar pesares, en el camino más corto para recorrer los dramas de la realidad; pero nada de esto se cumplió, miles de personas en el país, vieron como los ahorros de toda una vida se esfumaban, mientras otros lloraban sus desgracias al llegar a lo que antes fue una oficina ajetreada y encontrar solo un par de sillas de plástico, muchos de estos dramas transcurrieron en vivo, en las emisiones de los noticieros nacionales, y otros menos “populares”, pasaban en la rutina de nuestra ciudad, en el pavimento de nuestras calles, sin cámaras grabando las lagrimas y sin música de fondo que atenuara el dolor de ver un sueño convertido en pesadilla.
El día comienza para Mario Quiñones con una taza de tinto bien cargado, con lápiz y papel en mano empieza a sacar las cuentas de su pequeña tienda que tiene hace aproximadamente 15 años. La esquina de Don Pascual, es un mini abasto ubicado en un barrio céntrico de Cúcuta, con el cual ha mantenido a su familia a pesar de las crisis y los problemas. Mario tiene 45 años, de los cuales 30 a estado casado, padre de 1 hija, de 13 años, Camila, la cual adora con todo su corazón. El instante en el que se entero que una “compañía” estaba pagando intereses por encima del 40% se encontraba en una situación difícil, a Camila la habían devuelto del colegio por que debía varios meses de pensión, su esposa estaba sin empleo, y el abasto no le estaba dando lo suficiente, por eso cuando supo que existía esa “compañía”, lo dudo solo un poco, pero la necesidad le ganó, juntó todo lo que pudo y lo invirtió, se sintió algo aliviado porque en pocos días recibiría dividendos, pero no estaba del todo seguro al haberle dado a extraños todo lo que tenia: un millón y medio de pesos.
En el apogeo de las pirámides, los intereses que se aseguraban dar eran muchas veces del 150%, en solo 3 meses ya el dinero se multiplicaba, esto fue para muchos el motivo de sus desgracias, y para otros la razón de su negocio, se calcula que en todo el país, las pirámides alcanzaron a captar aproximadamente 10 mil millones de pesos, aunque esta es una cifra dudosa, debido a la cantidad de personas que invirtieron en ellas, y en el manejo que se le dio al momento de ser intervenidas por el gobierno.
Cuando Doña Marina recibió la llamada de una compañera no sabía que en ese momento su vida estaba por cambiarle por completo, su amiga Alba se había enterado de una magnífica oportunidad de inversión, con intereses del casi 50%, era una oportunidad única y pensó que no la debía desaprovechar. Doña Marina de 55 años es separada, tiene 3 hijos que superan los 28 años, pero que poco los ve, vive sola, y trabaja vendiendo mercancía por catalogo. Ese día, no tenía una gran suma de dinero, pero le pareció tan buen negocio que no dudo en pedirle a un par de amigos un préstamo para no perderse la ocasión de invertir en aquella actividad que veía tan esperanzadoramente. Pudo conseguir casi 4 millones de pesos, y junto con Alba se dirigieron a la oficina que quedaba en la parte céntrica de la ciudad y al ver una fila de casi 20 personas que como ella llegaban a invertir se lleno de confianza, cuando llego su turno, entregó el dinero, y al salir, ya hacia planes con las ganancias que esperaba recibir poco tiempo después.
La captación de dinero en Colombia está reglamentada por el Decreto 1981 de 1988 y el Decreto 2920 de 1982. Consiste en recibir en forma masiva y habitual dineros del público en algún local destinado para ello, dineros que se pueden devolver con intereses si son depositados en cuentas de ahorro, CDTs, o que se devuelven con rendimientos si han sido entregados como inversión. Para captar dinero del público se requiere estar autorizado y estar vigilado por la Superintendencia Financiera. En la fiebre de las pirámides, los inversionistas pensaban que estas empresas cumplían con todos los requisitos estipulados por la ley, por eso al momento del cierre de estas, no se entendía el motivo por el cual lo hacían, pero al final entenderían el triste desenlace.
Con 28 años, Liliana Fuentes se encontraba cursando 8 semestre de fisioterapia, antes de empezar a estudiar trabajaba vendiendo manillas y collares que ella misma hacia; desde muy joven tuvo que empezar a responder por sí misma, ya que sus padres no pudieron costearle sus estudios universitarios, y como su anhelo siempre fue ser profesional, se la re-buscaba donde sea con tal de cumplir esa meta. En aquella época trabajaba de cajera en un negocio de comidas, aunque el sueldo no era mucho con eso se mantenía y podía estudiar. “Pensé que era algo muy bueno, algo real”, decía Liliana sosteniendo el comprobante de depósito en el cual estaba la firma de ella, junto con el sello de la compañía, y el valor total de lo invertido: dos millones de pesos.
El esquema del negocio de las pirámides se basa en que los participantes refieran a más clientes con la función de que los nuevos produzcan beneficios a los antiguos. El riesgo de este tipo de esquemas es que funcionan en la medida que existan nuevos participantes en un número elevado, cuando el número de posibles clientes colapsa, los beneficios de los participantes originales disminuyen y muchos terminan sin beneficio alguno tras haber financiado las ganancias de los primeros inversores, este tipo de esquemas o negocios están prohibidos en países como: Alemania, Noruega, Francia y Colombia entre otros, pero esto no hace que la existencia de las pirámides desaparezca por completo.
Pasaron 3 meses y la inversión en las cuentas de Mario casi se duplicaba, estaba feliz porque iba a poder comprar las cosas que tanto necesitaba Camila, y a la vez invertir en el mini abasto, se disponía a salir a la oficina de D.R.F.E, que era donde había invertido cuando vio algo terrible en el noticiero, en varias ciudades del país el negocio de las pirámides había resultado una estafa y las oficinas estaban abandonadas y cerradas, no creyó lo que vio y sin perder un segundo salió a enfrentar su destino. Al llegar sintió que la tierra se lo tragaba, la oficina estaba desocupada, y como él, muchas personas llegaban esperando encontrar respuestas, con una idea clara, habían perdido el dinero, solo que nadie se atrevía a decirlo. Mario había invertido los pocos ahorros que tenia, y los había perdido, la vida se le desboronaba, se le partía el corazón, había invertido el futuro de su familia, y este había sido borrado, “Eso fue un golpe muy duro, aun al pensarlo no lo puedo creer”, dice Mario refiriéndose al hecho, había quedado sin nada, con un negocio en ruinas, una familia sin ahorros y la moral tan baja que ni siquiera se unió a los alterados inversores que gritaban y se agolpaban, simplemente miraba la oficina vacía, queriendo devolver el tiempo y evitar el momento cuando entrego el dinero.
Doña Marina que se había endeudado para formar parte del negocio que su amiga Alba le había comentado, estaba tranquila, aunque había adquirido una deuda fuerte, en solo dos meses ya la habría pagado. El día de reclamar sus intereses finalmente llegaba, muy temprano, se alistó y con comprobante en mano, salió con una sonrisa en el rostro al saber que su inversión se estaba multiplicando. Había invertido en Fores Capital, y la presencia de esta en varias ciudades de Colombia, inclusive en Venezuela le generaba aun más confianza, pero esta fugazmente se marchó, al llegar a la oficina y ver un grupo de personas enérgicas, gritando: “Devuelvan la plata, ladrones”, Doña Marina intento conseguir algún tipo de respuesta distinta a la que su mente le daba, pero no la encontró, la habían robado. Sus sueños se habían convertido en la pesadilla mas cruel que jamás imaginó, su amiga Alba no le contestaba el celular, y allí sola intentando buscar una solución a sus dilemas, no dejaba de pensar en la deuda que tenía, y en cómo iba a hacer para pagarla, lagrimas rodaban por su rostro mientras los latidos de su corazón se aceleraban cada vez mas.
La tranquilidad de Liliana duro poco, ya que el escándalo de las pirámides explotó a los pocos días de ella haber participado, la compañía en la que invertido era una firma nueva, Súper-servir, pero parecía cumplir con la ley y ser seria. Liliana había invertido el dinero de la universidad con el ánimo de que con las ganancias podía pensar en hacer una especialización al terminar la carrera, a pesar de que al momento de la inversión le dijeron que eso no era una pirámide, colapsó como tantas lo hicieron, Liliana ese día salió de la universidad y cuando iba en el bus hacia la oficina de cobro, en la radio oyó la calamidad, las pirámides eran estafas, los inversores habían sido timados, la impaciencia la tomó por completo, pensó que como no era una de esas (pirámides), no había pasado nada, pero sus pensamientos no pudieron contener la realidad, la oficina estaba vacía, y lo peor, ni un cliente hacia presencia en el lugar, se sentó a esperar a que alguien llegara o que abrieran, pero nada paso, la habían timado, ahora sus estudios estaban en duda, y sus sueños cada vez más lejanos de cumplirlos.
Mario pasó por momentos de crisis, casi pierde su negocio, su hija no pudo estudiar ese año, pero gracias al empuje y al apoyo de su familia salió adelante y poco a poco se recupera de lo ocurrido, Doña Marina, aun debe parte del dinero que invirtió, sus compañeras solidarizándose con ella al mes le encargan más mercancía de lo normal, su amiga Alba no apareció, Liliana perdió el dinero de la universidad, no pudo estudiar ese semestre, y solo gracias a un préstamo de un amigo pudo seguir estudiando.
En Colombia más de 30.000 inversores confiaron en las pirámides invirtiendo sus dineros en esquemas que prometían en unos casos rentabilidades de hasta el 300%, y aunque por la radio y la televisión se prevenía sobre ellas, la esperanza por cambiar la realidad y escapar de los dramas diarios llevaron a los participantes a confiar y dejarse llevar por sus sueños, por sus ilusiones.
Manuel Alejandro Ferrer
(Reportaje Real)

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