lunes, 4 de mayo de 2009

TRAS LA SOMBRA DE LA DEPRESIÓN


La habitación era oscura y fría, un closet y una cama era lo único que la acompañaba, las paredes reflejaban el dolor y la melancolía que ha vivido nuestra protagonista en tan poco tiempo. Allí estaba Sofía, en un extremo de su dormitorio, a punto de relatar como ha sido su vida, en este impactante mundo de la depresión.

“Mi llegada de la capital desenlazó todo este carma. El dejar a mis amigos/a, mi universidad, mi novio y comenzar “un nuevo camino”, fueron los motivos que llevaron a deprimirme. Me aislé por completo de mi familia, no me apetecía comer, era muy difícil el poder conciliar el sueño, no me interesaba mi apariencia física, me daba igual estar limpia o sucia, en fin, mi vida ya no tenía sentido ni tenía un motivo para estarlo”. Comenta Sofía, muy nostálgicamente.

La depresión es un síndrome o conjunto de signos y síntomas, que afectan principalmente al área afectiva de una persona.

“Hablamos de depresión cuando decimos que el afecto está modulado hacia la negación, cuando la persona está más que triste, esa situación lo coloca en una inferioridad de condición en torno a su medio ambiente, en torno a su familia, en torno a su trabajo, y lo torna triste, melancólico e improductivo”, expresa al respecto el Doctor Reinaldo Nicolás Omaña Herrán, médico psiquiatra de la Universidad del Rosario.

Mientras Sofía proseguía contándonos tan interesante relato, una enfermera interrumpe de modo abrupto tan amena plática, (venía a darle el medicamento correspondiente “antidepresivos”, a nuestra protagonista). Ella, tomó de manera apresurada la dosis médica y siguió narrándonos su historia.

“Era una tarde soleada, mi madre junto con una tía me dijeron que me llevarían a dialogar con un profesional de la salud mental (con él ya había platicado días anteriores). La plática fue muy normal, pero a los segundos se fue tornando complicada; yo pensé que me iba para mi casa nuevamente. Cuando iba saliendo del consultorio, vi a dos hombres vestidos de blanco (enfermeros) que me estaban esperando, salí a correr pero me agarraron y me llevaron alzada a la habitación que ocuparía”, comenta esta adolescente con mucho sentimentalismo.

Estando en ese lugar, le quitaron los accesorios que ellos consideraban era corta punzantes, el llanto era desesperante; le dieron unas pastillas. Desde ahí no supo más nada hasta el día siguiente cuando despertó, y se dio cuenta que estaba internada en una clínica de reposo mental.

En algunos casos la depresión, evoca en las personas que la padecen, pensamientos suicidas, donde los deseos incontrolables e inimaginables carcomen la mente de los mismos.

Es el caso de Mariana, una joven de 23 años, estudiante de Bacteriología, quién intentó suicidarse a causa de la falta de afecto de sus padres.

“En mi casa me la pasaba sola, mis padres salían desde muy temprano a trabajar y nunca me dedicaban tiempo. Eran tantos los espacios de soledad que habitaban dentro de mí, que a mi mente llegaban pensamientos de suicidio. De igual modo, no me provocaba comer, y dormía poco. Una tarde como cualquier otra, me sentí tan desesperada que trate de atentar contra mi vida (me corte las venas en forma equivocada), sangre resto y me alcancé a asustar, y lo único que sé es que mis padres llegaron al rato y me vieron en ese estado y decidieron hospitalizarme. Gracias a ese acto, mis padres están pendientes de mí”, relata Mariana con cierto grado de conmoción.

El sufrimiento y el dolor de los padres, cuando tienen a sus hijos en este estado, es deprimente. Martha León, una madre que tuvo que padecer y al mismo tiempo ayudar y acompañar a su hija en la mejora de este síndrome.

“En un comienzo me sentí muy triste, al ver a mi hija en ese estado. Lo primero que hice fue fortalecerme en el señor y con mucha serenidad y con sacrificio acepte la recomendación que había dado el psiquiatra de tener que internarla (la dejé en una clínica de reposo mental con todo el dolor de mi alma), durante este proceso estuve al pendiente de mi niña”, expresa Martha León nostálgicamente.

En estos momentos se siente feliz al ver tan bien a su hija, y todo por haber seguido las recomendaciones otorgadas por el profesional que le colaboró con la mejora y el buen desarrollo de este duro proceso.

La cita había llegado a su final, Sofía se quedaba ahí, inmersa en ese mundo de dolor y sufrimiento, pero más tranquila por haber podido desahogarse, y sacar lo que tenía almacenado en su interior, y a la espera de que algún día el profesional que lleva su historia clínica, le dé la aprobación para salir de ese oscuro lugar.

La depresión no elige como y cuando actuar, tampoco distingue edad, sexo y clase social; simplemente, aparece en el momento que menos te lo esperas.

MARÍA ESTEFANÍA ARAQUE QUINTERO.
(REPORTAJE REAL)

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