lunes, 4 de mayo de 2009

Discapacidad no es Incapacidad



Sin Obstáculos



Discapacidad no es Incapacidad



¿Para qué quiero piernas, si tengo alas para volar? Ver la vida mas allá de las limitaciones llena de virtud sus corazones.


La vida, la de ahora, la diaria, está determinada por una serie de actos que demarcan una secuencia de actitudes, sentimientos y deseos esclavos de la rutina.
Frente a una pantalla se deja la mente y se absorben los pensamientos racionales, los argumentos se pierden al dormir, el alma baja en el ascensor, la estabilidad viaja en autobús y entre luna y sol, se detiene el tiempo para permitir que el cielo sea visto, que la soledad sea alcanzada y de nuevo, por milésima vez, se pierda el control.

Caminar, correr, bailar y saltar son actividades comunes para muchos, los pasos se convierten en simples actividades realizadas por inercia, las danzas son huellas del alma sobre el suelo que combinadas con la música traen felicidad a nuestro ser; tener el control de nuestros movimientos, de nuestros sentidos y de nuestros actos es la cualidad más bella del hombre. Hermosas capacidades que al ser perdidas, causan frustración. El convertirse en un ser discapacitado para lo que se considera normal dentro de las actividades humanas en una sociedad común, trae consigo el rechazo de los demás, miedos nuevos y gigantes, pero aun así no tan difíciles como verse a sí mismo.

Un 20 de julio, entraba Miguelito a su colegio ubicado en el barrio Juan Atalaya de Cúcuta, por primera vez después de cuatro meses de ausencia, la expectativa y las miradas fijas sobre él dibujaron una sonrisa en su rostro tras un “Feliz Cumpleaños” de todos los presentes. El Joven de 17 años, nunca había celebrado de esa manera, entre la multitud se encontraban sus compañeros de décimo grado, sus profesores y amigos de otros cursos; todos eran protagonistas de la felicidad del adolescente en silla de ruedas.

Pisar el acelerador fue lo primero que pensó el muchacho al ver por el espejo retrovisor un retén del Ejército, sintió temor de ser visto por ellos, para esa época era acostumbrado llevarse a los menores de edad a prestar servicio militar y tampoco poseía permiso para conducir. Su papá le había pedido que guardara el carro en el garaje, sin imaginar que su hijo corría peligro, siete balas de más de cincuenta que se tatuaron con fuego al automotor alcanzaron al basquetbolista, la paraplejia es el resultado de los segundos en los que las balas penetraron su piel para marcarlo de por vida con una lesión medular “pudieron haber disparado a las llantas, un carro con las llantas dañadas, pierde fuerza” dice Miguel Sánchez, ahora con 37 años, mientras recuerda los hechos sucedidos dos décadas atrás.

Con el paso de los años, la visión que se posee sobre la discapacidad ha variado a través de los años, convirtiéndola en un concepto común y corriente dentro de los grupos sociales. Existen muchas causas por las que se presenta: Físicas, congénitas, hereditarias, cromosómicas, accidentales, degenerativas, neuromusculares, infecciosas, metabólicas entre otras. Lo realmente importante más allá de la razón, es el resultado.

Luz Marina Moreno, es una cucuteña de cuarenta y ocho años, en uno de ellos, el primero, controlaba el movimiento de sus piernas, pero quince días después de su bautizo, la poliomielitis llegó a su cuerpo causando la parálisis de sus miembros inferiores. Esta enfermedad, es causada por un virus que infecta y destruye las neuronas motoras, causando debilidad muscular e inmovilidad aguda y flácida. Durante su niñez, nunca fue un problema, en compañía de sus muletas, corría con sus amiguitos de escuela y desesperaba a su madre con un sin fin de travesuras, pero en cambio en su adolescencia, la ausencia de sus piernas se hizo notoria en los bailes de colegio y el contacto con los muchachos.

Una discapacidad alcanzada desde la infancia es mucho más fácil de sobrellevar por el afectado y su familia que una discapacidad adquirida en la mitad de su proceso vital. El tiempo hace de las suyas acostumbrándose al caso, pero cuando la mente reconoce la ausencia de ciertos actos realizados en el pasado, mortifica la aceptación de los demás y de él mismo.

Para las jóvenes de hoy, tener un espacio en televisión es una gran oportunidad, eso pensó Jolei Bayona al aceptar la insistente propuesta de un camarógrafo para ser la modelo de un comercial de ropa casual, de un almacén cercano al que ella administraba. Un domingo se citaron las cámaras con ella en una zona natural de su municipio de origen, Ocaña. Cuando se dirigían al rio, donde serían captadas las imágenes, se encontraron con un hermoso puente antiguo de madera, los años pasaban por él, pero no se llevaban su atractivo natural, era el lugar perfecto para hacer algunas tomas. La mujer de veinte años, subió al puente, alcanzó a dar cinco pasos, cuando fue detenida por el camarógrafo que le pidió bajar un momento para captar solo el puente, al virar pisó una tabla podrida y cayó. Estando en el aire, alcanzó a oír advertencias de caída que llegaban tarde, el aire pasando velozmente por sus oídos y sus mejillas eran rígidas ante algún gesto. “Sentí que me partían a pedacitos, sentía que las caderas me habían crecido, me sentía gorda”. Sin perder el conocimiento, Jolei cayó sentada a la orilla del río, a pesar de haber sido una espectadora más del hecho, miles de dudas se dispersaban por su cabeza, lanzó las manos a su cuerpo queriendo buscar consecuencias, pero la confundía el hecho de tocar sus piernas y sentir como si tocara a otra, no sentir sus miembros inferiores la alarmó causándole desesperación y miedo. Pedir que la sentaran, pedir que la levantaran eran imágenes del dolor de la modelo, el hombre de la cámara corrió al pueblo a pedir ayuda, en medio de su nerviosismo, dio aviso a la familia de la hermosa joven.
Un tío llegó con varios hombres y con ellos tres momentos que escribían la vida de su sobrina, primero: fue levantada en posición fetal, sintonizando el grito de sus vertebras, seguidamente fue acostada en una colchoneta, blanda como el algodón y cargada entre varios hasta la avenida que daba vía al pueblo, camino interminable para sus agonizantes huesos, y de un modo similar, fue puesta en un vehículo para ser transportada al hospital.

La negligencia fue la gran protagonista en la travesía médica de Jolei, ocho años después, analiza cada detalle y confiesa sentir miedo de la cirugía que la espera ahora, después de aquellos días de odisea, donde fue trasladada a Cúcuta calificada como paciente crítico estabilizada con una tabla que sólo le cubría la mitad del cuerpo, sin movimiento y mucho menos sensibilidad. La ignorancia médica y la mala manipulación de su caso, empeoró las cosas a través del tiempo, dejándola desde un principio en cama, después de algunos procedimientos de baja calidad, logró sentarse.
Muchos inconvenientes se presentan a lo largo del desarrollo social del discapacitado, tanto económicos, psicoafectivos y sociales. En Colombia, el sistema de salud posee normas especiales donde la protección del individuo es intachable dentro del sistema que presta el servicio, pero las necesidades esenciales de cada uno no son cubiertas, por ejemplo, aquellos que se encuentran en silla de ruedas, deben mantener un tratamiento diario donde cubran sus piernas, muslos y nalgas de cremas para evitar callosidades y desgastamiento de la piel, necesitan ejercitar sus miembros y para aquellos que posean traumas o secuelas físicas, medicamento especial; en el área de trabajo, los empleadores no suelen distinguir entre pautas básicas como profesionalismo y experiencia, sino entre bueno o defectuoso causando así inconvenientes que ante la ley de justicia y equidad, rebajan a muchos por ser diferentes, por creerlos menos, como dicen algunos, “minusválidos” o inútiles “Inválidos”. En estos casos siempre será elemental el acompañamiento familiar, tanto entre el núcleo fraternal como por parte de un profesional ante traumas, todo esto conlleva a crear conciencia, discernimiento que puede contribuir a la corrección de los errores proporcionales de las urbes, como lo son: el transporte público, el espacio físico, la oportunidad y recreación para estas personas.
Hace cuatro años, Mileny Ramírez se dirigía al corregimiento de La gabarra por la carretera cercana a su casa en el kilometro sesenta, en el camino sintió ganas de orinar y decidió acomodarse a un lado de la carretera para hacerlo, al oír una moto que se acercaba decidió penetrar aún más entre los arbustos para no ser vista, al terminar, resbaló en lo que parecía ser una mágica erupción de tierra, hierba, grava, metal, fragmentos de plástico, trozos de calzado y pequeñas partículas que luego serian imposibles de ver pero que se distribuyeron por su rostro y abdomen envolviendo en un abrazo mortal su pie derecho, borrando la existencia de sus dedos.
Aquel nueve de mayo del dos mil cinco, la negra como era conocida por muchos, se dirigía a visitar al presidente de la junta de acción comunal para que la orientara con una tarea de sociales. “¿Qué me Pasó?” Fue la primera pregunta que corrió a su mente, al instante de la explosión, había visto muchas hojas levantarse en el aire y cayendo lejos miró sus manos ensangrentadas y su ropa embarrada, al ver su pie y al relacionar la situación, se explicó a sí misma, “¡Ay!, pisé una mina”. En realidad, Mileny, no sabía qué era una mina, cuál era su función en el mundo ni su composición, pero recordó que quince días antes, en el patio de juegos de su colegio, un soldado pisó algo que explotó y lo dejó tirado en el suelo gritando con las piernas destruidas, su profesor dijo aclarando la angustia de los niños, “Pisó una mina, pisó una mina”.
La niña, no sentía dolor alguno, se levantó y sobre su talón caminó buscando ayuda, entre gritos y oraciones mostraba la desesperación de su soledad, hasta que se encontró con un trabajador, este no quiso tener contacto físico con ella, por miedo, pero prometió ayudarla y se dirigió al pueblo a informar a las autoridades. Ella espero sentada en una piedra, mientras se arrancaba los pedazos de zapato que le quedaban colgando en su pie, esperó un buen rato, hasta que el campesino regresó y le dijo que ya venían, que habían avisado a su familia. Su madre, llegó en un carro con el presidente de la junta, al verla se invadió de llanto, sus manos, su rostro, y su ropa tenían sangre y su pie estaba a la mitad, pero la niña de catorce años, aun no sentía dolor; estando en el hospital fue interrogada por unos comandantes del Ejército, que entre muchas preguntas llegaron a insinuarle su participación en la siembra de la mina, detalle que enojó a la pequeña haciéndola responder bruscamente contra ellos. Después de haber sido trasladada a Cúcuta, fue operada; despertó algo mareada y esta vez adolorida, preguntó a una enfermera si la cirugía ya había terminado y se angustió al no ver a su mamá…Mileny sintió la ausencia no sólo de sus pies, también de su talón, entonces fue informada de lo que no se esperaba, su pierna había sido amputada de la rodilla hacia abajo, pues había posibilidades de la llegada de una futura gangrena, esto la desilusionó, en ningún momento había pensado en perder la habilidad de caminar, de correr y de saltar. Desde ese instante inicia la travesía de esta joven víctima de las minas antipersonal, donde se enfrentaba a la situación económica que pasaban en una ciudad desconocida y al reto de aceptar el muñón que la acompañaría durante toda su vida.

La ayuda de la Cruz Roja Internacional fue elemental en su apoyo, económico, medico y social. Días después, mostraba orgullosa a sus amigos, la prótesis que la institución le había donado, además de arriendos y mercados durante varios meses. Al cumplir un año de lo ocurrido, recibió una pensión del gobierno que es enviada a las personas que pierden sus miembros a causa de las minas, con este dinero, compraron su primera casa en la capital nortesantandereana. “Un padre del barrio Pizarro, el padre Fabián, nos ayudó con unos mercados y nos pagó dos meses de arriendo” dice Mileny recordando las ayudas que han recibido.

“Entre 1990 y 2008, 7.451 colombianos fueron víctimas de estas minas, dentro de las que se cuentan 372 mujeres y 722 niños, según reveló el vicepresidente Francisco Santos durante el lanzamiento de la segunda convención de Ottawa, en Ginebra (Suiza)” (El espectador, 2 de marzo del 2009) Las minas antipersonal, están diseñadas no para matar, sino para incapacitar a sus víctimas, buscan sobre todo que hieran gravemente o mutilen y no tanto que maten, ya que un muerto no causa tantos problemas como un herido. Sus efectos más comunes son: amputaciones, mutilaciones genitales, lesiones musculares y órganos internos. Las prótesis, las muletas y la silla de ruedas, se convierten después de esto en los fieles compañeros de sus víctimas, encasillándolos en el concepto de discapacitados, que cargaría con ellos al igual que con muchos en el debate de los derechos humanos, la marginalización social, economía y política que aplasta y señala un verdadero estigma social.

Años después de haberse graduado, Miguel Sánchez, aún no había podido desempeñar enteramente su título como Abogado, debido a su discapacidad, hasta que entró a jugar un papel determinante en el rol de guía para los discapacitados nortesantandereanos, estando en esta labor, conoció y dio abrazos que le permiten hoy estar laborando en la alcaldía de la ciudad, desde allí también gestiona sus actividades como representante de ANORPERDIS (Asociación nortesantandereana de personas discapacitadas). En su andar, Miguel es reconocido y saludado por muchas personas, que agradecen la ayuda que este les brindo en algún momento. Miguelito, como lo llaman muchos, se alimenta de la felicidad ajena, felicidad que muchas veces, él mismo produce, él cree fuertemente en los derechos, en la igualdad y en la organización honesta del departamento.

Asimismo, en una gran deportista se ha convertido Luz Marina, esta jugadora de baloncesto y practicante del atletismo, pasa su tiempo vendiendo minutos a operadores celulares en el parque Santander, en el centro de la ciudad; estos deportes la llevaron a hacerse gran amiga de su inseparable silla de ruedas y ganadora de varios trofeos al representar el departamento. Esta mujer de ojos verdes, se prepara para los paralímpicos que se realizarán en el 2011 en tierras nortesantandereanas.

A pesar del tiempo, del daño y de los cambios bruscos que tuvo su vida, Jolei, logró conformar su propia familia, actualmente tiene un niño de tres años y convive con su esposo y su madre, los anhelos y la confianza de esta joven mujer aumentaron en el transcurso de nueve meses, sin importarle el daño que le hacía el peso de la barriga a su columna, alimentó sus esperanzas y las ha mantenido inmensas durante tres años, “mi hijo me ha dado fuerzas para vivir”, dice dejando ver la belleza de sus ojos húmedos y brillantes.

La vida de Mileny, igualmente avanza rápidamente, en cuatro años, ha tenido cuatro prótesis, muestra de su rápido crecimiento y fácil manipulación. Ahora, con 18 años, estudia contabilidad en el SENA, aunque no olvida su sueño de estudiar medicina, entre la lista de deseos también quiere pertenecer a las fuerzas militares, nunca se sintió anormal en medio de las demás personas, todo esto se debe a su gran personalidad que es lo más valioso que ha conservado.

En la vida, podremos perder muchas cosas: materiales, físicas o espirituales, pero cada pérdida, trae consigo una ganancia, de cada persona depende que esta sea buena o mala, su sentido está en la pasión con la que se lleve, las personas discapacitadas son la mejor muestra de superación. Muchos de ellos alcanzan a tener una vida “normal”, dentro de los paradigmas sociales, a pesar del drama de poseer dificultades físicas o mentales, la mayoría no se pierde ni se enconden en el tiempo, no reprime sus sentimientos, admiran los días que transcurren lentos, los amaneceres bellos y las tardes soleadas. Las personas con discapacidad requieren, más que compasión, comprensión; más que comprensión, equilibrio de oportunidades; aún más que oportunidades, el apoyo efectivo del Estado y de la Sociedad Civil para poder hacer realidad su integración social. Sin importar los disparos discriminatorios, las caídas ignoradas, la impaciencia que lastima la sutil ingenuidad, y la fuerza de sus metas.
Jessica Paola Ortiz
(REPORTAJE REAL)






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